Érase una voz a la deriva,
náufraga entre escollos invisibles.
Cuentan que a través de las tinieblas
se arrastró tras una vieja mentira.
Evocó el sabor de la victoria,
recordó mil miradas encendidas.
Al final, cuando se rasgan los sueños,
toda luz nace moribunda.
Quemas tu suerte,
no escuchas, no sientes.
Maldices tu nombre.
Ahí estás, nadando en el vacío.
Puede que se abran nuevos horizontes.
A tu Dios encomiendas tu destino.
¿Volverán tus oídos a engañarte?
Caerás en tu propia madriguera.
Quemas tu suerte,
no escuchas, no sientes.
Maldices tu nombre.
Ahí estás, nadando en el vacío.
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