Atravieso las fronteras,
tengo el hábito de navegar
persiguiendo nuevas rutas
a través de cien paredes de cristal.
Se suceden los caminos.
Soy el lobo que aúlla en libertad.
Llueven versos como gotas
de la lluvia que resuena en mi desván.
Dentro de un millón de anillos
seguiré buscando mi lugar;
una grieta en las tinieblas,
donde se agitan las llamas de un volcán.
Y seré… una luz… que arderá.
Se suceden los milenios.
Busco los rescoldos de un hogar;
en la bóveda infinita
sigo el rumbo de un barco sin capitán.
Dentro de un millón de lunas,
tantos pasos que se perderán;
pero puede que me encuentres
donde se agitan las llamas de un volcán.
Y seré… una luz… que arderá.
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