Duermo junto al fuego
y una sombra que imita las nubes se va
persiguiendo un misterio,
hacia donde no hay miedo a la inmensidad.
Cómo duelen mis sueños.
No quiero esperar hasta que suene el reloj.
Soy mi propio castigo,
puede que luego dicte a las olas una confesión.
No somos tan distintos,
navegamos por mares de contradicción
donde no existen velos
pero los cuervos luchan por tapar el sol.
Si mi alma anda suelta
no quiero que la atrapes
si puedo evitar que la nieve se tiña
del color de los buenos momentos que nunca vendrán.
Y no espero milagros.
Y no imploro clemencia.
Hay palabras que brotan de la oscuridad…
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